Paquito era imbécil. Sufría el grado máximo de estupidez. Su padre era ebanista y su madre bailarina profesional de sevillanas, que no tiene que ver con el problema de su hijo, pero lo escribo mientras pienso como sigue la historia.
Cuando jugaba en el recreo, sus compañeros de clase nunca lo escogían para su equipo de fútbol o quería intercambiar sus estampas con él, porque su imbecilidad era tal que pensaban que era contagiosa y no se le acercaban. Y eso que Paquito había conseguido reunir una colección de cromos repetidos como para estar intercambiando durante siglos. Pero la gente es así de peculiar. Ellos se lo pierden por miedicas asquerosos.
Con el paso del tiempo, Paquito se fue acostumbrando a ser ignorado y temido allá donde iba. Lo que pasa es que lo suyo fue haciéndose cada vez peor, y peor, y peor, y peor. Que pena de chaval. Da igual, me lo estoy inventando, así que qué le follen. Cosa difícil porque las tías no se le acercaban.
Paquito terminó sus estudios con las mejores notas. No le enorgullecía, porque nadie le había enseñado que es el amor propio, pero cuando le dieron el diploma le entró un picor en las ingles bastante interesante. Se rascó en mitad de la ceremonia, claro. Los imbéciles pueden hacerlo si quieren, y hasta les ríen las gracias. Paquito era feo y nadie se reía por temor a represalias. Que cuento más aburrido, todo el mundo es cobarde o tonto en esta historietilla.
Un día vio un anuncio en el periódico ofreciendo trabajo. Se presentó, y conoció al ser que se convirtiría en el más importante en su camino vital: su jefe. Le puteaba, no le pagaba las horas extras y hacía chistes a sus espaldas, mas presumía de un lunar justo sobre el centro de la calva que a Paquito lo tenía loco. Porque todos recordáis que Paquito es marica. ¿No lo había dicho? Que si hombre, lee arriba...
Ja ja, capullo. No lo había dicho. Bueno, al final Paquito inventó una sombrillita en miniatura que se pone en las copas de helado y en algunos combinados alcohólicos. Como era tan estúpido y bobo, transmitió esas cualidades a su invento. Por eso conocemos hoy en día esas sombrillitas como algo absurdo. Si te parece un final precipitado, te aguantas. Es tarde, tengo sueño. Y me pica el peritoneo.
¿Ves? Paquito no tenía peritoneo. A lo mejor por eso era imbécil...
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