El otro día me dormí en el curro. Sí, una cabezadita de estas que se te caen los párpados y cuando los vuelves a abrir dices: ¿qué ha pasao?

A eso me refiero. Me ocurrió algo que es común, que a todos le ocurre supongo, que no es nada del otro jueves, pero que tenía que comentar: me desperté y no sabía en qué momento del día estaba, ni en qué día. Una pérdida de la noción del tiempo brutal.

El caso es que durante 3 segundos me asusté realmente. No, fuera de coña, me acojoné porque me quedé pensando: ¿qué hago aquí? Y me empecé a comer el coco porque creía que era viernes, pero realmente era jueves. Creo que era jueves, porque por culpa de la puta cabezadita no sé ni cuando me ocurrió.

El caso es que aprendí a que tengo que dormir un poco más. O no, porque cuando se me pasó el susto llegó el gusto, y es que la sensación fue extraña pero a la vez curiosamente atrayente. Conociendo mis hábitos de vida, la semana que viene habrá más sueños hecatombísticos.