Reconozco que me gusta el cine extraño. No niego que no haya visto pelis de esas que llaman comerciales, pero mentiría sino admitiera que me fascinara el cine de serie B, el gore y el terror cutre y mal hecho, y esas pelis que no triunfan en cartelera, y que en algunos casos ni siquiera la pisan. De todos modos, no he podido ver tantas pelis de este tipo como quisiera, pero todo se andará.

Hace un tiempo alguien me recomendó "Pink Flamingos" y "Desperate Living", dos pelis de serie z dirigidas por el que es para algunos el rey del cine freak y bizarro, John Waters. Podéis imaginaros conociendo el argumento de la primera película, donde el travesti Divine intenta convertirse en la persona más guarra del mundo (a destacar la escena final de la peli donde se come una mierda de perro recién cagada, y que a juzgar por el gesto de Divine no es una mierda de broma) de qué palo va el señor Waters.

Ayer, un colega adicto al cine que algunos llaman "malo" me recomendó otra peli, con el argumento de "he encontrado algo más asqueroso que Pink Flamingos". Yo, que después de ver en esta peli como un tío inyectaba semen con una jeringuilla a una chica a la que acaba de violar no me podía imaginar escenas más surreales, corrí presto a conseguir la nueva promesa de la revoltura de tripas, para ver si podía superar las escenas miticazas de la mierda de perro y el semen en la jeringuilla, así como los diálogos brutales que apoyaban "Pink Flamingos".

Por diversos motivos aún no he podido visionar la peli entera, pero "Salo o los 120 días de Sodoma" promete. Con ese regustillo setentero coloreado, música aparentemente inocente que según los créditos está perpetrada por Ennio Morricone y actrices de carnes suntuosas y pechos pequeños, típicos de este tipo de producciones (recordad la escena de "Monty Python´s Meaning Of Life" en la que un hombre es perseguido por un grupo de mujeres desnudas y sabréis a qué estilo de señorita me refiero), la película nos habla de cómo un grupo de jovenes es encerrado por un grupo de auto-denominados fascistas en una especie de mansión, en la que se van a cometer los más extraños ritos que se convertirán en escenas absolutamente bizarras y sólo aptas, como diría un coleguilla, "para enfermos mentales profundos".

Un banquete de bodas en el que el plato principal es excremento humano, un debate acerca de la mejor forma de precisar el sexo de un muchacho o las perversiones de un fascista con barba al que le va el sado, la lluvia dorada y vestirse de señora son sólo pequeñas muestras en las que me he podido fijar al echarle un vistazo a la peli esta mañana. Por supuesto, no recomiendo a nadie que vea este film. Soy consciente de que este tipo de propuestas están dirigidas a un público claramente minoritario, y quien esté acostumbrado a otro tipo de pelis y quiera empezar a adentrarse en otros géneros creo que debería hacerlo por otro sitio. Ahora, como curiosidad no tiene precio. Destaca ese humor absurdo y negrísimo que los que hemos podido disfrutar de algunas de estas películas reconocemos fácilmente.

Resumiendo: rara la peli de cojones tú. Pero mola.